¿Es posible un nuevo mundo?¿Es posible un nuevo mundo?La publicación de unas magníficas fotografías en el muro de Marc Hors, que muestran de manera cruda y visual, sin dar lugar a especulaciones ni f…

¿Es posible un nuevo mundo?¿Es posible un nuevo mundo?
La publicación de unas magníficas fotografías en el muro de Marc Hors, que muestran de manera cruda y visual, sin dar lugar a especulaciones ni falsas conjeturas el grave problema de contaminación ambiental producida por la basura, me ha llevado a reflexionar sobre la experiencia que nos está brindando este confinamiento obligado, en el que ha jugado un papel muy importante el arte.
Han sido la música, cine, literatura, danza, fotografía, entre otros; constante fuente de alegría y armonía en los hogares desde una doble vía: para el artista; (amateur o profesional, sin importar la edad o sexo) exaltando su creatividad y sensibilidad como expresión más sublime de contacto íntimo consigo mismo desde su propia humanidad, por otra parte; como actividad recreativa o lúdica que es capaz de sensibilizar los sentidos creando paz mental y estabilidad emocional o bien permitiendo la reflexión y creación de nuevas formas de convivencia y de resolución de problemas en lo personal, familiar y comunitario.
Desde otra mirada, hemos sido testigos de cómo los sentimientos de indefensión y fragilidad producidos por la amenaza de un enemigo invisible y letal; se ha visto mitigada por la solidaridad social y el autocuidado, y; de manera especial por la acción invaluable de quienes prestan su servicio como trabajadores de los servicios esenciales, como el sector salud, agricultores, obreros de la industria alimentaria básica, recolectores de basura, empleados del transporte público por mencionar algunos, quienes han hecho la gran diferencia.
Estos héroes anónimos han resignificado y dignificando el trabajo como derecho y propiedad inalienable del ser que no debe ser sometido a la ley de la oferta y la demanda, ni como mercancía o un servicio evaluado en términos de eficacia, riesgos y resultados empresariales; sino como un aspecto invaluable del ser humano, vital en la vida comunitaria. Ahora podemos apreciar sus merecimientos, la capacidad y disposición de servicio que han tenido, y; deben ser debidamente remunerados y reconocidos. Ellos han sido el cimiento que ha sostenido nuestra sobrevivencia durante esta cuarentena.
Esta nueva experiencia como sociedad nos ha permitido descubrir algunas fallas en las estructuras institucionales, sociales, económicas, políticas y jurídicas, en relación al trabajo, previsión social y salud pública. Visualizar estos generadores reales de nuestras precarias instituciones desde esta nueva perspectiva, nos invita a para pensar en replantear la posibilidad de un nuevo mundo que privilegie la simplicidad de la vida y la garantía de satisfacción de necesidades básicas para todos, revalorando el trabajo como parte esencial de la dignidad humana, crisol inviolable que fundamenta la protección y garantía de los derechos humanos para crear nuevas estructuras que conduzcan a una distribución equitativa de la riqueza y un verdadero acceso a la justicia de equidad, así como de todos los temas que están surgiendo y abriendo la caja de pandora sobre las fuente reales del desequilibrio ambiental, inequidad, discriminación, explotación y pobreza extrema como otro tipo de pandemia que está aniquilando de manera silenciosa al ser humano.
Mary Guzmán©Tijuana BC.México, 4 de mayo 2020

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