La ventana azul de mi esperanza
Si alguna vez me miras a los ojos y ves que ya no brillan
no pienses que me he ido
los recuerdos dormidos han aflorado como etéreos capullos
y me han llevado a transitar mis días consumidos.
Hoy ya no soy una recia roca que perdura
el tiempo ha erosionado su cáscara robusta
transformándola en guijarros
resquebrajados por la ausencia de domingos.
Domingos de pasión y de aventura
de risas y de aplausos a la vida
de niños corriendo por la acera
de almuerzos inundados de alegría.
No pienses que me he ido
sólo recorro los últimos peldaños que he ascendido.
Los fuertes construidos comienzan a caer
ladrillo tras ladrillo.
El camino se estrecha
mis pasos languidecen
y mi fiesta de amores ha apagado sus luces
luces que titilan como estrellas fugaces
revelando mi partida.
Abrázame muy fuerte
hoy soy apenas una pluma que el viento de la noche
se afana por llevar a herméticos destinos.
Pon sobre mis hombros encorvados una manta
acúname en tus brazos con ternura
escucha al viejo mirlo cantando en mi ventana
sus adioses magnánimos.
Hijo
besa mi frente marchita
con la anuencia del sol que cura las heridas
y si no te recuerdo algunas veces
tú hazte el distraído
deja que yo imagine que estoy viva
y que mañana florecerán los lirios majos
en la ventana azul de mi esperanza.
Cuando cierre mis párpados y el corazón se duerma en sus latidos
dime que me has querido
que yo te escucharé
aunque esté transitando hacia el olvido.
Hijo
sólo besa mi frente con dulzura
y yo podré partir
sabiendo que tú estás sosteniendo mi mano
en este viaje hermético donde la muerte
se arregla su vestido de encaje y terciopelo
se mira en el espejo
se retoca los labios
subiéndose al carruaje misterioso
conduciendo mi alma hacia el silencio eterno.
Beatriz Ojeda
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Comentario
"...Abrázame muy fuerte
hoy soy apenas una pluma que el viento de la noche
se afana por llevar a herméticos destinos.
Pon sobre mis hombros encorvados una manta
acúname en tus brazos con ternura
escucha al viejo mirlo cantando en mi ventana
sus adioses magnánimos..."
Un abrazo ansías del amado hijo
que tanta vida por él diste y das,
haremos eco desde el fondo de nuestras almas
a ese tu sentir de idolatrado mensaje,
porque también muchos de los que te leemos ávidamente
sentimos ser plumas que el viento acaricia para llevarnos consigo.
Tu poema, querida amiga Beatriz,
hace suspirar, meditar, agradecer a la Vida, al Universo,
por contar con esa esencia áurea de tu amistad.
Hermosas y sentidas letras.
FELICITACIONES.
Hijo
sólo besa mi frente con dulzura
y yo podré partir
sabiendo que tú estás sosteniendo mi mano
en este viaje hermético donde la muerte
se arregla su vestido de encaje y terciopelo
se mira en el espejo
se retoca los labios
subiéndose al carruaje misterioso
conduciendo mi alma hacia el silencio eterno.
¡Maravilloso, poema que deja sin aliento, Beatriz Ojeda!
Maravilloso poema de gran sentimiento en el que una madre se dirige a un hijo para que la cuide cuando ya se siente mal. Porque todo en esta vida no es baile, amor, pasión, existen momentos de dolor, y más en la vejez , en los momentos de olvido. Magnífico, llega al corazón.
Besos
El dolor atrae todos los sucesos que nos han afectado. La poesía apenas puede ser el ancla de la serenidad y la escasa alegría.
Sientes tristeza y haces de la palabra un hilo anudado que vas tejiendo con la memoria. El carro de la muerte da su recorrido en la evocación del pasado, pero la luz del mundo en cada amanecer nos abrirá la puerta que conduce a ver cl encanto que acompaña a la esperanza.
Pasará como pasan los minutos...
Besos y nuestra compañía.
Alejo
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