En la calle estrecha, el incienso flota,
se escuchan tambores, un eco que brota.
Cirios que arden con llama serena,
pasos que avanzan, cargando la pena.
Cofrades en fila, silencio que pesa,
miradas perdidas, devoción que expresa.
Un manto bordado, oro y terciopelo,
la Virgen doliente mirando al cielo.
Cristo que sufre, corona de espinas,
la cruz es pesada, el alma divina.
Los rostros llorosos, plegarias sinceras,
la fe entrelazada en noches de velas.
Resuenan saetas, gemidos profundos,
clamor que asciende, esperanza del mundo.
Un beso al madero, fervor en el alma,
redención que llega, silencio y calma.
Y al fin, el Domingo, campanas repican,
un cielo radiante, aleluyas gritan.
La muerte vencida, la gloria que avanza,
Jesús resucita, la vida alcanza.
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