En tiempos de jovialidad soñé,

Soñé, soñé y en ese estado me quedé.

Pero la vida, la que está fuera de mí

Me enseñó que debo romper barreras

Para transformarlas en una constante búsqueda

De la vida, esperando que la tristeza y la alegría

Se conjuguen en el bienestar de cada día.

 

La vida, la de afuera me enseñó a pelear

Cada instante de mi vida, como un gigante dormido.

Y en mi juventud solía desear jamás haber nacido.

Hoy, en el inicio de mi crepúsculo,

¡Quiero vivir, sin haber nacido!

 

Porque la muerte solo nos enseña

A morir en nuestros sueños y anhelos,

Ilusiones perdidas, amores sin consuelos.

Y que la muerte, mi muerte, tu muerte,

Empieza cuando dejas de amar

De pelear por la vida y para la vida.

 

Cuando ya no luche por mis sueños y esperanzas,

¡Oh, Muerte, ven a mí!

Cuando deje de amar,

Luchar, sonreír y soñar

 ¡Oh, Muerte, ven a mí!

 

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Un placer leer tus líneas a ese maravilloso ser que es la madre. Bendiciones.

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