EXAMEN

(La gran travesura)

Siempre he dicho que mi infancia fue maravillosa, y es verdad. A pesar de que mi familia no tenía muchos recursos económicos y por consecuencia yo no poseía juguetes de moda y cosas por el estilo, disfruté mucho esa etapa de mi vida, en mi mente viven muchos recuerdos y hoy les contaré uno en especial.

En cuarto año de primaria tenía fama de ser muy travieso, y no era en vano... cierto día el maestro nos informó que después del recreo nos pondría examen, pero mi amigo y compañero Héctor y yo, decidimos lo contrario, y aprovechamos el receso para tomar del salón todos los lápices y plumas de los compañeros (en realidad no era la primera vez que hacíamos algo así). Una vez con el botín en nuestras manos, buscamos un lugar para esconderlo, pero ningún sitio nos pareció adecuado. Como no teníamos muchas opciones y el recreo se nos terminaba, decidimos brincamos la barda de la escuela, y en un prado cercano enterramos aquel bonche de plumas y lápices, para después brincar nuevamente la barda y terminar el recreo como si nada hubiese pasado.

Una vez de instalados en nuestros pupitres, el maestro pidió que todos sacáramos una hoja en blanco para hacer el examen. Uno de nuestros compañeros gritó: maestro, ¡me robaron mi pluma! después de él otro, y otro, y finalmente todos buscaban su pluma o su lápiz y se quejaban con el maestro. Sólo mi amigo y yo teníamos lista nuestra hoja de papel y nuestra pluma en mano, y así se lo hicimos saber al maestro... y ese fue nuestro gran error. Ante ello y con nuestros antecedentes (qué eran muchos), el maestro mencionó nuestros nombres y gritó enfurecido lo que ya muchas otras ocasiones había hecho: ¡A la dirección! Nuestro salón era el más cercano a la oficina, pero el camino se hizo muy largo al hacerlo de puntitas debido a que el maestro llevaba a Héctor de la oreja derecha y a mí de la oreja izquierda.

Ya confesado el delito, nos tocó informar del sitio donde se encontraban los lápices y las plumas de nuestros compañeros, ¡Qué sorpresa se llevaron el maestro y la directora al saber que estaban afuera de la escuela! Al llevarlos al sitio, quisimos hacerlo nuevamente por la barda, ya que por ahí salimos; el maestro mantenía los ojos desorbitados por la incredulidad ante nuestra osadía, ya que de la barda brincamos a un andador que esta como a metro y medio de distancia y de ahí al piso como dos metros y medio. La directora casi se desmayaba en esos momentos. Tuvimos que salir por la puerta principal, eso sí, bien escoltados por el maestro, la directora y hasta la conserje. Ubicar el sitio y desenterrar las pruebas del delito fue fácil... y ahí fuimos otra vez hacia la escuela.

Una vez que regresamos al salón, entregamos a cada quien su pluma o su lápiz, el castigo fue que a Héctor lo mandaron a otro grupo (mi amigo de esto no se quejó, ya que lo mandaron a un grupo donde había puras niñas y como ya pintaba para galán, pues ni pio dijo) y a mí me dejaron sin mi amigo, y obviamente mandaron a llamar a nuestras mamás. 

Ya en casa estuvo buena la chicotiza por partida doble, primero mi mamá y por la noche mi papá. A Héctor le fue un poco mejor, ya que sólo recibió un buen regaño.

Lo bueno es que a pesar de todo, cumplimos la misión y no hubo examen.

Como dato final, debido a todo esto, la directora mandó elevar la barda unos dos metros aproximadamente, lo que hace imposible que alguien más pueda emular nuestra gran hazaña, o mejor dicho, nuestra gran travesura.

Cuando paso por ahí y veo ese muro anexo, pienso que a final de cuentas hicimos una buena labor para la escuela, ya que así otros niños no podrán escapar como lo hicimos nosotros.

Carlos Eduardo Lamas Cardoso.

México.

Derechos reservados.

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PLUMA MARFIL
Comentario de Carlos Eduardo LAmas Cardoso Hace 21 minutos

Delia,

Muchas gracias por leer.

Siempre es un placer poder compartir con ustedes estas aventuras, o travesuras.

Saludos y bendiciones!


ADMINISTRADOR
Comentario de Delia Pilar Hace 1 hora

Muy buen redectado tu texto y muy divertida

la anécdota que narras, Carlos.

Esas hazañas que jalonan la infancia 

son fuente de placer el recordarlas. 

Gracias por compartir. 

Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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