No soy el dueño del sol,

ni del aire, ni del agua,

ni de la tierra,

pero si lo fuera,

en cada hogar,

brillaría con armonía,

las tres comidas

en cada mesa.

El aire no estaría contaminado,

ni las aguas,

ni fueran dueños

de los tesoros de la tierra,

tan solo unos pocos.

Tampoco soy el dueño de la verdad

 absoluta,

pero como no la conozco

la busco con urgencia.

No soy el dueño del amor

pero si acaso lo fuera,

el amor seguiría  derramándose

desde el alma de cada poeta

y la poesía lírica

dejaría de llamarse poesía

para llamarse

 amor.

He tratado contemplar mi espíritu,

pero es tan inmaculado,

que mis ojos de carne no pueden verlo.

Sólo sé que nací en esta tierra,

donde para algunos no existen luceros

y a otros le encandilan las estrellas.

No soy dueño de la existencia,

pero si lo fuera,

cambiaria la vida del planeta,

le sustituirá el nombre

y se llamaría,

Empatía.

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