La debilidad de los adivinos,
es no poder cambiar el destino,
pero dan pistas para lograrlo,
es un sentido extra?.
Por bosques de robles y encinos,
entre luces del sol dispersas,
y con repiqueteo de carpinteros,
buscó una adivina.
Dejó el dorado rocío del sueño,
brincó riachuelos de agua clara y fría,
afrontó lluvias y torrentes,
su ayuda quería.
Pedía a las lejanas estrellas,
sus rayos cintilantes azul nacarados,
para iluminar el camino a ella,
te busco gritó.
Al dulce cupido un dia divisó,
bañabase en un plácido río,
dónde encuentro a la divina?,le preguntó,
Dijo-no lo sé.
De tanto andar de aquí para allá,
al fin la divina su vida cruzó,
en una casa morada, la encontró,
tocó la puerta.
Donde la tortola se duerme,
después de cansarse de tanto cantar,
y cuando la cálida noche llegaba yá.
Al fin a ella vió.
La luna con un halo brillante los saludó,
sus sombras se fundieron en un abrazo,
vinieron los besos,preludio del amor,
Al fin apareció.
Tibias se dieron las caricias,
ella su aperlada sonrisa lució,
la divina solo consejos le dió,
sin acertijos.
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