PRÓLOGO AL POEMARIO FLOR CARNÍVORA, JENNY ÁLVAREZ, EDITRIAL ARBOLEDA 2021

Quizá la Flor carnívora, el nepenthe exótico es el símbolo de la grandeza de la pulsión sexual de lo  femenino en un libro que es capaz de provocarnos disímiles emociones, entre ellos la perplejidad y el placer. La poeta Jenny Alvarez nos convoca al disfrute, a la reflexión y a consumirnos en su elocuente verbo como entre las pulpas y los pétalos de su simbolismo, casi salvaje.

Este texto poético tiene la fuerza avasalladora del huracán y, a su vez, síntesis, contundencia metafórica y decir apasionado. Todo desde perspectivas temáticas muy originales. Difícil encontrar poesía del Eros con tanta creatividad. Uno de los aspectos que se imbrican en estos versos es el exceso del placer de la carne, visualizado como vicio, no como pecado: “Noche sobre noche / procurando el vicio de apretar, / de engullir la pulpa, el hueso, / la forma y el hambre de otro cuerpo”.    

Es poesía para festejar el Carpe Diem, donde lo femenino se atreve a nombrar lo que el ser masculino le provoca, con uso de símbolos o con posturas nítidas en la referencialidad de lo sexual, sin eufemismos ni romanticismos. El deseo es cantado y el sujeto lírico rebasa todas las líneas de la convencionalidad para decirse en su práctica sexual y en su pasión, rompiendo las reglas y convocando al tú lírico para un ritual de sed que trasgrede la piel para adentrarse más allá del cuerpo, en la vivencia de la plenitud. Y nunca deja de proponer un hálito poético contestatario pero asentado en la tradición de lo erótico que traspasa barreras. La mujer, desinhibida de la posmodernidad, también sabe ponerse sobre las brasas, desnudar de sí los rincones de su luz y su oscuridad, enfrentar y recodificar su inserción en la libertad y el amor, dejando atrás la sublimidad y delineándose en la cotidianidad del ejercicio del conocimiento y la experimentación.  Esto es algo de lo que nos brinda Jenny Alvarez: “Esta noche tomaré un atajo, / el corazón es más adentro. / Recogeré las cáscaras, / también las caracolas, / hasta que el labio arda dos veces / y yo me salga de mí”.

           Perder el centro, salirse de sí, aspirar a una compartición con el otro que nos rebase, exigir el máximo de la dádiva, es parte del concierto que la mujer de hoy intenta manifestar en sus encuentros con el compañero, permanente u ocasional.

           Denominar el poemario Flor Carnívora, hace que el epíteto se aplique a la voz lírica también en esta manifestación lírica que se divide en cuatro partes: la primera se inscribe con el mismo título del libro, la segunda es Besos de carne y ceniza. En esta sección, los elementos de la cotidianidad y la ciudad; el autobús, las calles, el automóvil, el paso fugaz de la llama amorosa se insertan en el trajín del yo lírico, aunque a veces refiere a una tercera persona-ella, que quizá camufla al propio sujeto lírico: “Un hombre la mira, la detiene, / le pregunta por el fuego. / Los hombres siempre preguntan por el fuego. /.../ Ella, al otro lado, tiene muy claro que debe llegar, /con pies de plomo a su destino, /donde tendrá que transformar en pan su primavera”. También aparece un poema que nombra a un sujeto lírico masculino como actante y vocativo que hace referencialidad autobiográfica: William Joseph, yo te miraba / con latido y tacto de mi carne, / terca, imprecisa, hakeada por mi suerte  / a pesar del hierro de mis pasos”.   Cita que además nos ha de servir para mostrar los elementos propios de la corriente contemporánea de utilizar los anglicismos que produce la posmodernidad del mundo digital.

           La tercera parte: La flor y el labio, insiste en la metáfora del cuerpo ligada a la clásica trasposición de lo femenino representado por la flor. Este segmento se anuncia con un epígrafe de Eunice Odio que nos advierte un pequeño cambio de tonalidad. Además percibo el acento de un existencialismo más vivencial: “Si supieras de la deuda de mujer que tengo con mi cuerpo, / que ando averiguando, hurgando, calculando / las llamas y la lengua, los metales y el agua / que dejaste sobre mí para empezar de cero”. Y siempre relacionado con la comunicación y el deseo del tú lírico: “Te quedarás solo, / con la luz de mis tetas crecientes, / acabaré con la luna para que no te envuelva, / para inventarle otra forma a mi cuerpo, / para que otra luz te revelen mis ojos”.

También es muy refrescante el uso del bananal como aspecto de ambientalidad para la actividad erótica amorosa, lo que nos coloca sobre el paisaje nuestro, como antes en las ciudades.

La cuarta sección se denomina Nota púrpura, y se inicia con la alusión culterana del hombre del Vitrubio, en alusión a la búsqueda de perfección en el complejo mundo de las relaciones. Aquí la voz lírica parece trastocar los papeles de la sexualidad en estas alusiones míticas: “Yo también te he penetrado tantas veces / y, desde el génesis, tenemos un pacto / de resurrección aquí en mi vientre”.

Destaco lo hermoso de los elementos de la vida cotidiana y la capacidad de utilizar la enumeración de elementos verbales como un recurso literario capaz de provocar alegorías y metáforas de conjunto: “Sonrójame, súbeme a un escaparate, / que estoy contando soledades en la hierba / y te despilfarro, te desvirtúo, me desencamino,   /  te desato el sexo y los botones”. Ejemplo que clarifica el papel protagónico de la mujer en la consumación de la relación de pareja. Llama la atención además la creatividad de esta metáfora constituida en poema: “Llévame a ese lugar donde se vuelven de sangre mis gacelas”.

La quinta parte Escritos en la pared de un baño público es un elemento que nos produce incredulidad, un texto a la vez irónico, humorístico y despreocupado que rescata grafitis de baños públicos y otros espacios, y que se inserta para darle una aire de jocosa asunción a lo banal, a lo vulgar y contingencial que nos suscita en nuestro tránsito por las ciudades y el mundo de lo contemporáneo. Estos breves amplían la vivencia en torno a lo sexual del sujeto lírico que así le da cierre a la experiencia que el lector sin duda disfrutará, desde cualquier ángulo de su propia vivencialidad.

 

Ronald Bonilla

Premio Nacional de Cultura Magón 2015

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Comentario

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PLUMA DIAMANTINA
Comentario de Ronald Bonilla Carvajal el septiembre 3, 2021 a las 2:14pm

Graias, Benjamín, un fuerte abrazo.


PLUMA ÁUREA
Comentario de Benjamín Adolfo Araujo Mondragón el septiembre 3, 2021 a las 11:10am

¡Excelente prólogo al libro de Jenny Álvarez, Ronald!

Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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