Me acerqué a la ventana,
tratando de observar a la luna que aparecía brillante, jocosa
un enjambre de estrellas coronaba el firmamento alegremente
dos lechuzas jugueteaban su ojos en coloquios pasionales…….

Raúl y Ruth, alegres hermanos, corrían hacia la cabaña de la chacra
mientras la suave brisa discurría muy lenta y suave por el firmamento
y por todos los espacios del verde campo lleno de frutales,
tocando y acariciando sus rostros,
invitando a meditar bajo la llovizna, mientras las aves,
un tanto agotadas por su constante aletear dentro del gallinero;
se preparaban, para dormir a sus anchas tras de constante esfuerzo,
luego de doce o más horas de jornadas largas en el día,
apelando todos, a lograr conciliar un justo y merecido descanso
sobre el remanso señorial del silencio del campo y del río.

Las puertas se entre abrieron, así, medio sigilosas,
al paso firme y acostumbrado de los bellos y adornados días;
Maricosas siendo Estrella, repetía entusiasmada sus movimientos,
demostrando juguetona, encontrarse perfectamente bien.

Maricosas siendo Estrella, era una linda vaquita manchada
la misma que, desde que naciera,
tenía una estrella de cinco puntas marcada en su frente,
siempre traviesa, juguetona y ocurrente, cual niña inocente.

En aquella estancia y desde muy tierna
siempre realizaba movimientos y piruetas con su cabeza y sus patas
no tan propias de un bovino, es decir, de un mamífero placentario
cosa que extrañó siempre a propios y no propios
de los asiduos concurrentes a la chacra y a la familia
de los LOPEZ GUZMAN en el hoy ya desaparecido pueblo de Chancay,
Don Guillermo y Doña María, pobladores primeros
de aquella tierra roja y exquisita de la legendaria Pucallpa
tierra del también, Don Hipólito BRAGA, rudo hombre de campo,
y esposo de Doña Flor, hija de Don Guillermo y Doña María.

Al fondo del establo o de la estancia inmensa, aquella que adornaba los parajes,
nombre atildado a lo que hoy se conoce como fundo,
apostado sobre el cojinete que reposa sobre la ramada;
se encontraba una covacha, aquella en donde descansan los ovejos,
los chivatos y la totalidad de las aves que comían junto a los conejos; y,
las micarahuas o pavas, que empollaban los huevos apiñados en los nidos raudos.

Gumesho!!!!!!!!!!!, eres tú???, gritó Don Guillermo a Gumercindo,
sobre nombre acostumbrado para llamar al amigo de Raúl, quien ayudaba,
haciendo las veces de peón, en la chacra y timonel en la canoa;
Siii, Don Guimo, soy yo “”Gumesho””, replicó el muchacho,
¿guardaste a los Guacamayos?, refiriéndose a los dos loros grandes de vistosos colores,

Síiii, los guardé y les di su comida, también guardé “las filuditas”,
refiriéndose a las herramientas o machetes con bastante filo, que se usan en la chacra,
a cada una, la coloqué dentro de su vaina, para que los peones, al cogerlas,
no salgan cortándose Don Guimo, al comenzar la mañana!!!!!!.

Muy bien hijo, contesto Don Guillermo, ¡este es un buen muchacho, decía para sus adentros!.

Gumesho, con su capacho sobre su cabeza, prosiguió su camino hacia la casona,
prenda que es un sombrero viejo, con las alas caídas; la misma, que le cubría
o tapaba el rostro hasta la mitad de los ojos y el gacho, orejada cortada y deforme,
recogiendo en el camino, el guisador, que sirve para condimentar la comida,
y la jagua, que es el fruto del huito o wito o también uito;
conforme lo llama, la gente del campo, el que sirve para curarse
cuando uno adolece de alguna afección a los bronquios, pues Onoria, su mujer,
con quien se encontraba unido en matrimonio desde hacía veinte años,
se encontraba un poco afectada en su salud, como consecuencia de un resfrío.

En el tránsito hacia su cabaña o casa, Gumesho, se cruzó con Raúl, de quien se despidió,
este, le gritó, ¡¡Cuidado con el MACHACUY!!, que es una culebra pequeña, de color verde,
muy venenosa, a la vez que le recomendaba, que tuviera extremo cuidado,
ya que Gumesho, siempre caminaba acompañado de su menor hijo, y el niño, de seis añitos,
se acompañaba de su misho, que es como se le llama a los gatos en la selva del Perú,
cuales “mushos”, es decir, sus ojos, eran de un intenso color verde,
como lo eran los ojos de la niña Ruth, hermana de Raúl, cuyo color,
sobresalían en el transcurrir de las noches del poblado.

Las “NINA CURO” nombre otorgado a las luciérnagas, sobrevolaban el sector,
otorgando beneplacita luz alrededor del rancho, haciéndose alegre su intermitencia,
en la taciturna noche que regalaba su acostumbrado esplendor otoñal.

Por suerte, aún, no amenazaba con llover, ni con temporales,
pues, erase una de esas tantas noches de luna llena, noche aquella,
en que el NILIPITO de Gumesho, prenda nueva que lucía,
mostraba su color esplendoroso.

La “PANGUANA”, que es un ave sin cola de la selva, observaba sigilosa,
cuidando a sus polluelos, en el nido que Onoria, les había preparado,
shoooo, shoooo, shoooo, repetía Gumesho, a las gallinas,
mientras avanzaba al encuentro con su esposa, quien esperaba en su rancho, ,
ya la larga jornada del día había terminado, ya su agotado trajinar,
por este día, a su fin había llegado, era hora de conversar con ella,
de entregarse al tiempo de su convivencia, para placentero y grato espacio.

La noche, larga o corta transcurrió, un nuevo día había llegado, los rayos del Sol,
también traviesos, irrumpieron esplendorosos, en el fulgor del nuevo día,
por entre todos los rincones.

Es así como Gumesho, emprendió el retorno a sus labores donde Don Guimo,
retomando la marcha, con las manos dentro de los bolcillos de su SALTA COCHA,
es decir; la prenda de vestir, recaída en la de su pantalón corto tipo pescador,
el mismo que usaba para la faena diaria.

Cuando llegó, se dirigió directamente donde MARICOSAS COSAS,
QUE ES ESTRELLA, y como era de costumbre, la revisó cuidadosamente,
para verificar que el SUCLLA CURO; no hubiera depositado sus huevos
sobre el lomo de ella, pues era sumamente peligroso,
por la situación que generaba su estado, pues Maricosas,
iba a tener un bebé, ya era su tiempo, una cría linda, sería un ternerito.

El TERETAÑO, pájaro carpintero, de color amarillo rojizo tiznado,
que pretendía dormir en casa ajena, salió disparado del recinto y el estampido
provocó que MARICOSAS, también, emprendiera la carrera un tanto asustada,
saliendo del retablo medio desbocada, lo cual era peligroso para ella por su estado
de preñez y porque corría riego su cría.

Gumesho, quien llevaba el tiesto, recipiente que sirve para cultivar, dentro de su morral,
y junto a este, su tipishillo, es decir, su porción de comida,
corrió tras de Maricosas, logrando alcanzarla y al retornar hacia el retablo,
no pudo darse cuenta que la vaca,
juguetona y traviesa como siempre, se engulló, devoró la comida, esbozando su sonrisa,
o una forma de ella, meneando la cabeza y mirando al peón mientras caminaban,

Maricosas, también observada, miraba a Luisillo, hijo de Gumesho,
inquieta y agradecida, sobando su hocico y su nariz rezongona y húmeda,
en las manitas del pequeño.

Luisillo, el pequeño niño, también colaboraba con su padre, él había aprendido,
instruido y guiado por este, a reconocer las trampas y los lugares
en donde se colocaban, a efectos de darle casa a los roedores
que en oportunidades merodeaban por el retablo y la casa,
lo cual era muy desagradable, mucho más, en esta ocasión de preñez de Maricosas.

Gumesho, luego de percatarse y sentirse satisfecho de haber logrado el bienestar,
de la vaca de Don Guimo y de Doña María, se dirigió al recinto en donde moraban estos,
acto seguido y siendo la hora de almorzar, se sentó junto a ellos y al costado
de Don HIipólito mientras que la Niña Ruth, procedía a servirles la comida,
Don Guimo, como cabeza de la familia, inició la oración de gracias al TODOPODEROSO,
encontrándose también con ellos, Doña Flor y a su izquierda,
su amigo de infancia, Raúl el Gato, el primo Hedisho.

Concluido esto, todos disfrutaron de algunos momentos de conversación,
Gumesho, habló a todos sobre el alumbramiento que tendría Maricosas,
con el fin de que todos permanecieran alertas; pues, no había ya más plazo,
para que Maricosas, tuviera un parto feliz, luego de ello,
todos prosiguieron sus labores,
y llegada nuevamente la noche, cada quien reposó en su casa.

Entre el transcurrir de la apacible noche que les tocó como premio
a la jornada, quizá, siendo las tres de la madrugada, todos sufrieron un sobre salto,
porque en algo que no era usual, se escuchó un fuerte alboroto de las aves
y demás animales del establo en la comarca o chacra, todos corrieron,
Raúl “el Gato”, se encargó de avisar a Gumesho que por suerte,
no vivía tan alejado y llegó sobre la marcha al lugar,
para poder ayudar a asistir a Maricosas, que estaba pariendo,
es decir, alumbrando un hermoso becerrito, de color blanco con marrón,
como la mamá vaca, al cual le pusieron por nombre Principe,
el que curiosamente, también tenía sobre la frente, UNA ESTRELLA,
todo era algarabía, Maricosas sonreía,
mientras los nuevos rayos del Sol, aparecían pintando de amarillo
todos los espacios del recinto, mientras las hojas verdes
de los árboles del campo, relucían con el fulgor de las aguas cristalinas del río
y el amplio color celeste del firmamento.

Al amanecer, los conejos se bañaban contentos, con el rocío de las flores,
los gansos; danzaban al ritmo de las aves, mientras el búho,
continuaba dormitando sobre una pata;
todos ellos, los animalitos, anunciaban que el nuevo Principe había nacido,
y los demás animalitos también corrieron hacia la comarca,
para felicitar a Maricosas.

Así transcurrió el día y Principe,
lanzó su primer bostezo, acompañado de una sonrisa,
intentando pararse sobre sus cuatro patas de color marrón con blanco,
alentado, de forma constante, permanente, por los conejos.

Gumesho y Hedisho, dijeron a todos los asistentes
que había que ponerse a realizar las tareas pendientes,
Principe, caminó hacia la puerta, donde todos los animalitos,
habían asistido a saludarle, dándole la bienvenida y deseándole un buen día de Sol,
Principe, intentando correr como ellos, tropezó y cayó al piso,
mirando a la mamá, dudó en pararse, pero reintentándolo,
alentado por los conejos y pajarillos, retomó el andar y así continuó la vida,
por los parajes de la chacra, incitado a las travesuras por su madre Maricosas,
los conejos seguidamente, concurrieron hacia Principe,
para enseñarle a pronunciar su primer MUUUU,
lo que logró el becerrito, luego de llegar a un quinto intento.

Todo era felicidad en aquella comarca, en donde es cierto que vivieron
Don Guimo, Doña María, Don Hipólito, Doña Flor,
RAUL el Gato, el primo Hedisho, Gumesho, Onoria, Luisillo
y la Reina del Recinto Ruth, la de los ojos verdes y cabellos dorados,
los viejos han partido al infinito de la mano de DIOS,
y la naturaleza se llevó al recuerdo, al lindo y bello paraje de CARQUIN,
de la Selva peruana y su bella laguna de ensueño.

Iniciado en algún lugar de Europa, cuya fecha no recuerdo, corregido y terminado
un 15 de Abril del 2020, La Isla, ASIA de la Provincia de Cañete, Departamento de Lima,
durante el día 31 de la Cuarentena como consecuencia del Covid19.

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Comentario

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ADMINISTRADOR
Comentario de Delia Pilar el octubre 1, 2021 a las 3:53pm

Bella historia costumbrista, la vida en el campo tiene sus inconvenientes pero también los encantos de la sencillez y la pureza. Me gustó mucho cómo expresas las emociones y esos hechos pequeñitos que constituyen el discurrir cotidiano.  ¡Felicitaciones, Carlos Fidel!

Gracias por compartir. 


PLUMA MARFIL
Comentario de Rosa Elizabeth Chacón León el septiembre 30, 2021 a las 11:55pm

Hermoso relato de la vida del campo, y su estrella principal Maricosas, la inocente y juguetona vaquita que al final alumbra a su Principe, su ternerito. Todos vivieron felices y los amos  .... los viejos ... de poco a poco van partiendo al infinito.

Bellos recuerdos que nos relata.

Saludos y buenas noches.

Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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