HOMBRECILLOS

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Una vez Nemesio quiso obligarla a que aceptara la irrumación de su pene en la boca.

Para ese entonces él tenía ya mucho tiempo que se quedaba durmiendo en la sala y Consuelo en la habitación, quien desde hacia un par de meses, le había hablado por las buenas para que se marchara, y estaba en esa “transición” en que debería decidir irse definitivamente, para hacer consecutivo el divorcio.


El caso es que entró a la recámara en calzoncillos –ella estaba sentada en la cama leyendo- y él le dijo algo así como… “a ver si me sirves para algo”; y, sacándose el pene, quiso colocarlo en su boca. Consuelo lo rechazó de plano, de alguna manera se liberó de aquello y se puso de pie. Entonces, él fue a la cocina y regresó con un cuchillo, y –amenazándola- la sienta en la cama chocando el arma en su cuello, a la vez que empujaba el pene contra su boca, pero, ella mantenía sus labios apretados con una increíble fuerza… El filo del cuchillo en su garganta produjo en la mujer un miedo espantoso, y sus lágrimas salían copiosamente. Sin embargo, no quería gritar porque temía que al despertar sus adolescentes hijos, éstos vinieran a auxiliarle, porqué él podría herirlos o matarlos… también le asaltaba una idea: “mañana amaneceré muerta y mis hijos… huérfanos y traumatizados”.


Entonces, de alguna manera le dijo: “No me causes daño, nuestros hijos sólo me tienen a mí”. Pero, el hombre se enfureció más, apretó el cuchillo contra su cuello y ella sintió un frío ardor porque ya le había cortado la carne epidérmica. De repente, se le ocurre intentar engañarlo, darse por vencida y aflojar el forcejeo; se deja caer en la cama y aprovechando ese momento en el cual él creyó tener la victoria, pronunció extrañas palabras, casi sin tomar aliento: “Amigos de la luz –hasta ahora ausentes o invisibles- pero que en algún lado se deberían encontrar ¿qué están esperando para ayudarme, es que acaso no pueden, son unos ineptos o es que yo no merezco su ayuda?…


Inmediatamente surgieron infinidad de seres pequeñitos, que saltaron sobre la cara del insensato, puyándole los ojos, halándole los cabellos y escarbándole el abdomen; el tipo suelta el cuchillo, para llevarse las manos a los ojos: “¿Qué vaina es esta? ¿ Hormigas, ácido? ¿Qué me echaste?”.


Consuelo aprovecha para escapar y encerrarse en la habitación de sus hijos, donde permaneció sentada y muy asustada detrás de la puerta, hasta que amaneció. Al día siguiente, escuchó que el tipo hablaba por teléfono: José, he amanecido muy enfermo, tiemblo de fiebre, no he parado de vomitar y casi no logro mantenerme en pie, ven a buscarme y me llevas al hospital… Luego, ella se percató que ese primo vino y se lo llevó en su auto…


Supongo que él no vio a los hombrecillos…

©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti
Ingeniera de Sueños

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Respuestas a esta discusión

GRACIAS.   JAJAJA

El mensaje reflexivo que tiene este relato me ha conmovido, dice mucho más de lo que esta escrito subliminal mente, eres una estrella, hasta me levantaste un poco el ánimo, GRACIAS POR COMPARTIR LA MAGIA DE TU ARTE. 

GRACIAS, AMIGUITA

Excelente. Me encantó ese castigo para ese tipo tan criminal.

Un abrazo

Genial. Y me parece que ese título "HOMBRECILLOS"  tiene un doble sentido, porque también se refiere a este tipo de "hombres" que tienen los valores cambiados en su cerebro y  en su forma de comportarse, es decir que son muy bajos y nulos como seres humanos.

Y que buen castigo para este sujeto.

¡Fantásticos hmbrecillos; son duendes de la desesperación femenina ante la infamia; felicitaciones, Milagros por tu imaginación!

IM PRE SIO NAN TE !!!

UNA MAASA.

VILMA LILIA

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Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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