"EL SÉPTIMO SELLO"
INGMAR BERGMAN, 1957
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Antonius Block es un caballero que acaba de volver de la Cruzada junto a su escudero Jöns; ambos llegan a su tierra natal, Suecia, que está devastada por la peste negra.
El caballero va a confesarse y se enfrenta a una figura encapuchada que se distingue a través de una rejilla de hierro. En la confesión, el caballero declara: “Mi indiferencia me ha alejado de todo, vivo en un mundo de fantasmas, soy un prisionero de los sueños. Quiero que Dios alargue su mano, muestre su rostro y me hable…” La figura encapuchada se gira y se trata con la muerte, ha estado siguiendo al caballero en su viaje de regreso a casa.
Al comienzo de la película, Block reta a la Muerte a una partida de ajedrez para intentar salvar su vida: si le gana, no tendrá que irse con ella. El séptimo sello gira en torno a los encuentros entre estos dos personajes, Block y la Muerte, quienes mantienen conversaciones sobre la existencia de Dios, su silencio, el sufrimiento, el sentido de la vida… Estos temas acentúan la atmósfera apocalíptica que tiene toda la película, siendo la principal materia el silencio de Dios, su ausencia y el desamparo del hombre solitario.

Toda la filmografía de Ingmar Bergman posee una carga filosófica y religiosa que la distingue del resto, al mismo tiempo que la vincula con el cine nórdico anterior. Bergman, director de cine sueco es conocido por películas como El manantial de la doncella, Persona, Fanny y Alexander y El séptimo sello, comparada por el crítico Nils Beyer con La pasión de Juana de Arco.

El séptimo sello comenzó a idearse a partir de Pintura sobre madera, una obra que Bergman escribió inspirándose, entre otras, en la representación de la Muerte que aparecía en el mural de una iglesia.
En el film hay múltiples referencias a estas imágenes así como al libro del Apocalipsis de San Juan. La película se filmó con mayor frecuencia en un estudio de rodaje sueco con espacios interiores y exteriores. El rodaje duró treinta y cinco días y, como dice Bergman, «arrastra sus locuras y se vislumbra la prisa», pero es una de las películas a las que más cariño guardaba. Además, la realizó cuando su fe todavía no se había resquebrajado del todo, según confiesa: «En aquella época todavía me quedaban algunos raquíticos restos de mi devoción infantil, una idea absolutamente ingenua de lo que se podía llamar una salvación que no es de este mundo».

La composición de la imagen es más reposada que dinámica. Se prefieren los cambios de plano antes que el movimiento de la cámara, por lo que estos son empleados en momentos puntuales para dotar de dramatismo o acción a la escena, pero no como algo recurrente.

Un aspecto importante de la película son sus personajes. Antonius Block es un caballero repleto de dudas y ansias de saciar sus inquietudes. Necesita encontrar un sentido a su vida que le acerque a Dios. Block representa el caballero de la fe de Søren Kierkegaard, el existencialismo más desesperado que muestra el temor a la muerte y al silencio de Dios, quien no da respuesta a todas sus dudas. El conflicto entre razón y fe que tortura al personaje recuerda al que presenta Miguel de Unamuno en su libro Del sentimiento trágico de la vida: «Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro» (Unamuno, 1986). Para el filósofo, ambas deben servir a la búsqueda de la inmortalidad del hombre, la misma búsqueda que hace Block: «Nadie es capaz de vivir con la Muerte ante sus ojos y creyendo que todo ha de desembocar en la nada más absoluta», le dice a la Muerte, subrayando la idea de Unamuno del «inmortal anhelo de inmortalidad». Otro paralelismo se da también entre Block y su escudero Jöns, quienes se pueden relacionar con el Don Quijote de la Mancha y el Sancho Panza que Unamuno presenta en su libro Vida de don Quijote y Sancho, el primero como el caballero de la fe kierkegaariano y el segundo como un materialista sin inquietudes religiosas que solo se preocupa por los problemas terrenales. No debemos olvidar que Bergman fue un ávido lector del filósofo español y que se sintió muy inspirado por su obra.

Otros personajes importantes son la pareja de acróbatas Mia y Jof, con su bebé Mikael, que viajan en su carreta de pueblo en pueblo para hacer actuaciones. Esta familia es el único ejemplo de verdadero amor que hay en toda la película. Se aman entre ellos y también aman y tratan con hospitalidad a todo aquel que se les acerca, como ocurre con Block y Jöns y también con el herrero y su mujer, a quienes invitan a comer. Mia, Jof y Mikael son la representación de la Sagrada Familia de Nazareth: Mia es traducido como María y Jof como José.

Tiene mucha importancia el personaje de la Muerte. Es la mayor representación que se hace en la película a través de la personificación. La muerte tiene forma de hombre con el rostro blanco y túnica negra. No es la única figura retórica que aparece en la película: también hay una comparación entre la peste que asola Suecia y el temor a una bomba atómica propio de la década de los cincuenta, tras la Segunda Guerra Mundial.

Hay varios planos y escenas que deben ser destacados porque han supuesto un hito para la historia del cine, como la apertura de la película. En ella se pasa de una pantalla en negro a la imagen de un cielo nublado apocalíptico, donde un águila negra planea en el aire. Esta estampa es acompañada por un coro que canta el Dies irae de un réquiem, lo que deja patente el tono fúnebre y oscuro en el que se moverá la película. En esa misma escena se produce el primer acercamiento entre la Muerte y Antonius Block. Su segundo encuentro tiene lugar no mucho después, en una capilla, cuando Block acude a un monje para confesarse. Con él desahoga todas sus inquietudes religiosas, sus dudas sobre la existencia de Dios, sobre lo que hay después de la muerte y el sentido de la vida. No quiere morir hasta haber satisfecho sus preguntas, pero Dios no le da una respuesta. Aquí aparece de nuevo el tema principal de la película: el silencio de Dios.

Otro aspecto a destacar del largometraje son las imágenes de desolación, de cadáveres y violencia que se ven constantemente. Durante la actuación de Jof y Mia aparece una procesión de penitentes con peste. Todos salmodian un réquiem y llevan pesadas cruces o se fustigan la espalda para aplacar la ira de Dios. También asistimos a la quema de una muchacha que ha sido acusada de brujería.

La última escena de la película ha sido una de las más recordadas. En la primera parte de la misma encontramos a Block y a Jöns en casa del caballero con sus respectivas mujeres y la pareja del herrero. Los seis aguardan la llegada de la Muerte, a la que no han podido evitar a lo largo del viaje. Por fin hace acto de presencia y todos, en pie, la miran fijamente tratando de afrontar lo que viene a continuación. Por primera vez en toda la película, la interpretación de los actores cambia del naturalismo con el que han interpretado las escenas anteriores a un estilo más cercano al teatro dialéctico del dramaturgo Bertolt Brecht, donde los personajes no se miran entre ellos al hablar, sino que permanecen rígidos, sin dramatización. En la segunda parte de la escena vemos a la muerte llevándoselos en un baile que recuerda a una Danza de la muerte medieval. Esta última parte surgió cuando todos los actores habían terminado su jornada laboral. Así lo describe Bergman: «Era tarde, habíamos recogido todo, se acercaba una tormenta. De repente vi una extraña nube. Gunnar Fischer —director de fotografía— sacó la cámara […]. Unos cuantos ayudantes y algunos turistas bailaron en su lugar [de los actores] sin tener ni idea de lo que se trataba. La imagen que iba a hacerse tan famosa se improvisó en unos minutos».
Si tuviera que elegir un punto clave de la película, sin duda alguna escogería esa imagen de los personajes a contraluz bailando al son de la Muerte, que encabeza la marcha, según narra la voz en off, con una guadaña en la mano y un reloj de arena en la otra.

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                                                                                ALEJO URDANETA

                                                                  

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Respuestas a esta discusión

Alejo: ¡Haces una extraordinaria reseña de la que, me parece, es la mejor película de Bergman, cineasta que yo admiro de tal manera que, El Séptimo sello, llegue a verla cuando menos tres veces, encntrándole distintos sabores y significados en cada ocasión; gracias por compartirla y felicidades!

Gracias por tu comentario. Somos afines a Bergman y no declinamos el trabajo de interpretarlo. Seguiremos en la búsqueda del espíritu del gran narrador visual y filosófico.

Un cordial abrazo.

Alejo

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Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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