Amor mío, sé que en este momento estás leyendo la carta que, sujeté con un clip en el día de hoy, en tu agenda.    No la habías perdido. Hace días la tomé en un descuido tuyo para escribir una frase y sorprenderte en tu cumpleaños, pero para mí mal, descubrí que tenías marcado con un corazón rojo, un día de cada de semana, y a la misma hora.

   Te seguí…Vi cuando la abrazabas y la besabas apasionadamente. Fue un puñal que me clavaste en mis sienes.

   El grito en mi garganta se desmoronó hasta el abismo de mi carne. Créeme, solo tuve fuerzas para regresar sobre mis pasos como un autómata y, para no dejarme arrastrar por tu deslealtad, me aferré al único sentimiento que calmaba mi llanto: Te seguía amando como el primer día.

   Por eso decidí escribirte. Ahora comprendo la causa por la que regresas tan tarde —en ese día en especial—. Y por qué, si al regresar me encontrabas despierta, bajabas la mirada…

   Ya sé que el tiempo danzó cruelmente sobre mis años (el doble de los de ella), y que fantasmas cotidianos me llevaron a andar las moradas del cansancio. Perdóname si fui la causante de que hayas buscado sangre joven para enfrentar tu temor y probarte que aún sigues siendo hombre, y joven... Creo que ambos fuimos culpables.

   ¿Cuánto tiempo hace que te compartes? ¿Hallaste en ella, fragancias nuevas que borraron todo vestigio de mi cuerpo? ¿Por qué nuestros brazos se desencontraron si tenemos tantas razones aún para abrazarnos?

   Mientras escribo, la inseguridad aprisiona mi garganta, mi pecho busca aire puro, intentando cruzar la barrera del amargor.

   ¡Qué difícil se me hace aceptar el sufrimiento de tener que arrancarte de golpe, de mi vida!

    Acaso debo quitarme, sin piedad, la piel, donde llevo la impronta de tus manos. Si tantas veces bebiste a borbotones de mi fuego, ¿ya olvidaste los momentos en que nos entregábamos en cuerpo y alma, hasta estallar en gemidos sobre el lecho?

   Intento comprenderte alegando que tu traición no existe; que es una breve pesadilla. Que solo quieres probar hasta dónde soporto la agonía de no tenerte.

   Pero es mi corazón quien siembra en los labios el sentimiento de que, aún me amas porque somos inseparables viajeros en esta vida.

   Dime, amor mío, ¿cuántas veces podré retornar de la muerte de tanto vacío?

   Si aún la rosa de mayo se trepa por el muro, y en las ventanas el sol corre con su aro de oro como un adolescente. Y entre las resecas hojas del calendario, una que otra lágrima-mariposa, me dicen que podemos regresar a buscarnos y comenzar un camino nuevo, entre tanto desacierto...

   Te ruego, si puedes, (luego de reflexionar), hacerte responsable de tus actos, regresa para ver si continuamos edificando nuestra historia...

   No arrojemos los años compartidos y nuestros nombres como si fueran vanos objetos.

   Despertemos la magia en nuestros ojos, derramemos el vino bueno…

   Sé que aún podemos —juntos— derribar este muro que nos separa.

   Creo en lo que una vez me juraste: ¡Jamás habrá un amor como el nuestro!

   Ruego que, te des cuenta, eres el eslabón que sujeta a dos mujeres, y, solamente tú, puedes cortarlo.

Te beso dulcemente

Beatriz Teresa Bustos

San Francisco Córdoba Argentina

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Respuestas a esta discusión

INTERESANTE CARTA DE AMOR Y DESAMOR

REALMENTE ES DURO CUANDO ALGUIEN NOS TRAICIONA.

 SÓLO EL TIEMPO PUEDE BORRAR ESOS AMARGOS RECUERDOS DEL PASADO

GRACIAS POR COMPARTIR. 

Un carta bastante pasional con reclamos y confesiones. Un gusto leer.Gracias por compartir. Adriana Acosta 

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Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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