Fecundación
Y sentí un estallido de luz en mis entrañas. Supe que se transformaban dos células en vida. Un alma nueva encontraba su cuna y la paz divina inundó mi ser. Desde ese día conocí la suavidad del pasto bajo mis pies. No podía caminar, flotaba. Flotaba sobre los diamantes de la arena, bajo los rubíes del atardecer. Mis manos se posaban sobre el lienzo de mi piel, y mis dedos se tornaban dorados como el sol de la vida. Cada instante giraba expandiendo el vértice del universo. No cabía mayor alegría en mí que no fuera sentirme santa, elegida. Desde ese momento conocí el amor de Dios.
Carmen Amaralis Vega Olivencia

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