El tallo que…
Un día cualquiera ella encontró en su jardín un tallo casi moribundo
sus pequeñas manos lo recogieron con amor,
lo sembraron esperanzadas que viviría.
Cada amanecer lo visitaba regando su tierra para que reverdeciera
le hablaba, le cantaba y le besaba,
no quería que muriera, sus manitas ablandaban la tierra
para que no se sintiera aprisionado.
Quería ver como sus flores brotaban, así esperó muchas semanas;
una mañana vio un pequeño botón que quería abrir sus pétalos
no era su tiempo, debía espera un poco más,
esperó paciente, la aurora nacía como aquel capullo, sus rojos colores
brillaban bajo el sol que lo calentaba dando vigor y belleza.
El rostro de María Soledad resplandeció al ver aquella estrella,
roja como la sangre, frágil como su alma y hermosa como ninguna;
Así pasaba las horas, contemplando aquella flor, una por día brotaban en aquel tallo
que se ponía más fuerte como las espinas que le adornaban.
El amor y cuidado de la niña hicieron que el pequeño tallo
se convirtiera en una hermosa planta florida, fue una conexión entre ellas.
Por cada palabra, una hoja, por cada beso una espina, por cada canción una flor;
También en el jardín crecían violetas y claveles,
ella pensó que debía querer a todas las flores que adornaban el espacio donde se sentía feliz,
esa mañana no visitó las flores con espinas, acarició las otras confesando
La ingratitud que había tenido. No lucían tan bellas
ni exhalaban el perfume de la roja, parecía que ella había robado el vigor de las demás.
Ese día olvidó visitar su amiga, no se sentía bien por lo que fue a descansar a su cuarto.
A la mañana volvió un poco aturdida y sin fuerzas, quería ver aquellas flores
Para decirles que las había extrañado,
Lo que encontró la dejo sin aliento.
Las rosas ya no estaban, había desaparecido,
las espinas habían crecido tanto como sus finos dedos,
lágrimas como fuente brotaban de sus ojos, cayó de rodillas
ante aquellos tallos, una canción salió de sus labios rojos como
Los pétalos que ya no estaban. La planta agudizo una espina,
la más fuerte, la más larga, la más cruel,
Al atardecer los padres encontraron la niña sin vida, una espina en su pecho
Y el tallo marchito junto al cuerpo de María Soledad.
Comentario
Un poema con historia incluida.
El simbolismo ha sido muy bien empleado.
Felicitaciones, Myriam Stella.
UAAOO .. entre amor y dolor trágico final.....buen poema buena historia
Felicitaciones aunque es un triste relato, con magistral pluma has logrado dar luz a la oscuridad. Me gusto y recibe afectos y saludos, desde mi Caracas/Venezuela.
© 2025 Creada por Aimee Granado Oreña-Creadora.
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