ERAN SUS OJOS DE JADE

   Era su rostro de seda.

   Eran sus ojos de jade.

   ¡Cuántas veces estuve cerca

   de su sonrisa de ninfa!

 

   Su cabello caía

   suavemente

   hasta sus hombros,

   hombros de pétalos.

   ¡Ah,

   y su voz:

   hojas de bambúes

   danzando en el viento!

 

   Yo leía mis versos siempre

   junto a su ternísimo rostro.  

   Nunca supo,

   nunca,

   en quién me inspiraba.

  

   En aquel café

   charlábamos,

   mientras las tardes anaranjadas

   iluminaban tu piel.

   ¡Cómo reías con mis chistes!

 

   Fueron años dorados

   y tímidos.

   Después,

   la distancia cortó miradas,

   roces de manos,

   besos en las mejillas.

 

   Había dicho:

   tu hermandad es mi escudo,

   mi alegría.

 

   A otro país viajó.

   Escribí un poema

   -memoria diamantina-

   y la nombré

   y aquellos versos publiqué.

 

   No sé cómo

   llegó el poema a sus manos,

   manos que muchas veces

   acariciaron mis manos.

 

   Supongo su voz

   tejiendo mis versos:

   Era su rostro de seda.

   Eran sus ojos de jade.

  ¡Cuántas veces estuve cerca

   de su sonrisa de ninfa!

 

             Daniel Calero Solís

                      (Ecuador)

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Respuestas a esta discusión

Qué delicia de lectura, Daniel. Al recorrer tus versos, es inevitable que el pensamiento vuele hacia esa atmósfera que lograba Fernando Fernández en su pieza «El Bardo» sobre Estambul. Hay una conexión mística en la forma en que ambos utilizan el entorno para vestir la ausencia; mientras él pintaba la ciudad, tú pintas ese café de tardes anaranjadas que se convierte en un universo propio.

Tu poema posee esa «memoria diamantina» que mencionas: es sólido, brilla por su honestidad y corta el tiempo para traernos de vuelta una presencia que ya no está.
Natuka Navarro -Luna Poetiza

Muy generosas sus palabras, Natuka. 

Muchas gracias. 

Daniel, que profundos sentimientos y a la vez sentimental... solo se puede escribir cuando salen palabras  del fondo del corazón--Donato de Argentina

Agradezco mucho su opinión, Donato.

Me anima a seguir escribiendo. 

Precioso poema a esos ojos de jade.

Y la distancia, esa distancia que a veces es tan pero tan cercana...

Me encantó su poema!

Agradezco mucho sus lindas palabras, Graciela Bacigalupe. 

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Ando revisando  cada texto  para corroborar las evaluaciones y observaciones del jurado, antes de colocar los diplomas.

Gracias por estar aquí compartiendo tu interesante obra.

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