Hoy me acusan de plagio, a la ciudad Habana he plagiado
el diploma de “Capital honoris causa”
Lo llevo colgado en la mirada,
es la herrumbre de siglos que hiere, que gime
y se adueña del alma.
Miro todos los días con mirada curvilínea del cénit al nadir,
en busca de un puntal;
¡Ay, mis ojos…parecen arandelas de un columpio
a punto de apuntarse en la lista de los puntales
que apuntalan el punto de mira…!
Un robot se mece en mi mirar
con toda la velocidad de soldadura arco-cosmos,
tornillos ajustadores se mecen de metales humanos.
Y muchas cosas más se mecen:
máscaras para cabezas cuadradas,
un soplete chispero para soldar el compás político
petos de cuero que apestan
de tanto curtir las palabras en el tórax,
mangueras de oxígeno contra el agente oxidante
que se niega a la belleza
cacharros para el horno de las vísceras
un sistema de alarma para el soldador alarmado.
Mas ¡ay! el pie de rey muy cansado no quiere mecerse
prefiere el descanso de su silla…
Hay quien se asusta al ver mi rostro de búho constructor
y huye en la grúa de la vergüenza.
Alguien me observa a través de la ventana rota de una sinfonía
y me comprende…vocea…corre…se mece…gruñe…plagia…
Otros persisten en llevar el juicio a la Cumbre del ladrillo
con la piedra moral en sus bocas,
defienden sus cristales hieráticos que cascabelean
estrellados en mis ojos.
Los edificios ya no se mecen: ¡Se abrazan, se besan, y buscan
la pistola de soldar corazones enamorados!
¿Ir a un juicio tan batido
a golpes de concretos en el subsuelo del alma?
¡Lo dudo…pesa mucho mi plomada! Ni quiero ver el desplome
de la esperanza en las aras de la vergüenza!

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