(Gustave Doré)

LA NOVELA EN EL SIGLO DE LA TÉCNICA

A partir de su ensayo: Meditaciones del Quijote, Ortega y Gasset centró su interés en la novela y su vigencia frente a la ciencia y la técnica. Decía que el género había decaído también a causa del aumento de libros de contenido ideológico. El género novela estaba agotado, fue su conclusión en el breve ensayo sobre la decadencia.

No ha sido siempre difícil escribir buenas novelas, porque bastaba con tener talento para lograr la creación de la obra, añadido al tema o materia que la destacaba con la sola novedad del argumento. Así se presentaron novelas legibles sostenidas en una trama que colocaba a los personajes en segundo lugar. El cansancio del lector llegó cuando el argumento se basaba en hechos históricos pero sin la fuente de lo nuevo en los temas narrados. Al escritor de nuestro siglo XXI resulta un obstáculo hallar figuras nuevas en la trama, ya conocida por la técnica de la comunicación dominante desde mediados del siglo XX, o poco antes.

Ernesto Sábato, en el ensayo literario El escritor y sus fantasmas, trató el fundamento de la novela actual, y lo hizo con el título de “Descenso al yo”. A la inversa de los escritores del siglo pasado, que se proponían fundamentalmente la descripción objetiva del mundo externo, el novelista de hoy se vuelve en un primer movimiento hacia la propia existencia de los personajes, y en un segundo movimiento hacia la visión de la totalidad del sujeto desde su conciencia.

Al sumergirse en el yo, el escritor narrador debe revivir al personaje, pues el yo se despliega en el tiempo anímico que no se mide en horas ni minutos sino en los elementos subjetivos que lo conmueven: Angustia, dolor, el instante de la felicidad, éxtasis.
¿Cómo pedirle a estas novelas aquellas figuras bien delineadas, precisas y reales a que nos tenía acostumbrados la vieja novelística? En el subsuelo no rige la ley del día y la razón sino la ley de las tinieblas.

El género de novela, si no está irremediablemente extinguido, se halla en el período de la decadencia a causa de la escasez de materia narrativa, que el escritor de hoy debe añadir y compensar con la calidad de los elementos que integran a la novela: La trama y los personajes se han ido desplazando de la pura narración a la rigorosa presentación de la persona actuante. En sus comienzos, pudo creerse que lo importante para la novela era su trama. Pronto dejaron de atraer las aventuras de los protagonistas, para penetrar más en ellos, entenderlos, sumergirnos en su mundo, en su atmósfera.

En “Ideas sobre la novela”, Ortega insiste en la morosidad y levedad de la trama en la obra proustiana. En el trabajo sobre Proust, el novelista es visto como impresionista creador de atmósferas sin dramatismo ni proceso, quien ha encontrado una nueva forma de ver y recordar, situación parecida a los descubridores científicos. Y aquí sí encontramos una referencia al amor de Swann, presentado como un caso de puntillismo psicológico en una literatura que tiene que ser leída como son mirados los cuadros de Monet.

Frente al narrador omnisciente característico de la novela decimonónica, Ortega se inclina por un narrador objetivo, más acorde con el método presentativo que él considera apropiado para la novela. Por eso, Ortega ve como adecuadas para construirla algunas de las técnicas características del género teatral, en particular, la forma de introducir los personajes, a los que el narrador deja dialogar sin su intervención.

A Dostoievsky se atribuye el carácter inconsciente, turbulento de sus personajes, y se hace del novelista mismo una figura más de sus novelas, que parecen engendradas en una hora de éxtasis demoníaco por algún poder elemental y anónimo. Ortega defiende que, antes que otra cosa, el escritor ruso es un prodigioso técnico de la novela, uno de los más grandes innovadores de la forma novelesca. Sus libros son casi siempre de muchas páginas y necesita dos tomos para describir un acontecimiento de tres días, cuando no de unas horas.

Aunque constituya un universo autónomo, independiente de la realidad, la novela ha de ser construida con materias que imitan las formas de la vida. El novelista ha de intentar recluir al lector en la realidad y en la hipnosis de una existencia virtual. El mundo de la novela ha de ser hermético y no trascender el mundo real. Como consecuencia de ese hermetismo, la novela no puede aspirar directamente a ser filosofía, panfleto político, estudio sociológico o prédica moral. Novelista es el hombre a quien, mientras escribe, le interesa su mundo imaginario más que ningún otro posible.

La denominada metaficción actual, además de aludir de modo referencial a sí misma a través de variadas estrategias, entre ellas la de narrar el propio proceso creativo o la de mostrar explícitamente los elementos que posibilitan el discurso ficcional, suele ir más allá, cuestionando los vínculos entre realidad y ficción y especulando sobre la imposibilidad de conocer objetivamente el mundo.

Es la novela el género literario que mayor cantidad de elementos ajenos al arte puede contener: ciencia, religión, juicios estéticos, con tal que todo ello quede desvirtuado y retenido en el interior de la obra.

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Respuestas a esta discusión

¡Una verdadera delicia leer tu ensayo sobre la novela, estimado Alejo!

Con certeza y buenas fuentes nos traes este ensayo tan instructivo. Lo agradezco, Alejo. Siempre maestro.

Vilma Lilia

Tu ensayo, Alejo, es muy útil y como nos tienes acostumbrados, de altísima calidad.

Gracias 

¡Tus reflexiones, siempre amparadas en textos universales, Alejo, son un auténtico compromiso con la literatura!

Querido Alejo,

En este, nuevo ensayo se repite tu capacidad producto de un intenso y reflexivo conocimiento literario y habilidad para transmitir en un ajustado texto, un mundo temático.

Los lectores que somos agraciados de tenerte, festejamos este privilegio.

Gracias

Ernesto

Especial ensayo corto sobre la novela. Mucho me ha dejado en aprendizaje. Gracias, Alejo.

Vilma Lilia

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